Blog de la Biblioteca de "El Reyes"

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C.C.E.E. Reyes Católicos

No pondrás nombre al fuego. CHANTAL MAILLARD

Escrito por Lenguareyescatolicos 24-09-2018 en poesía española actual. Comentarios (0)

No pondrás nombre al fuego 

No medirás la llama
con palabras dictadas por la tribu,
no pondrás nombre al fuego,
no medirás su alcance.
Todas las llamas son el mismo fuego.
Mi cuerpo es una antorcha que alumbra los espantos
que la razón constituye en sus tinieblas.
Hay que mirar al cuerpo, muy adentro,
tocar el centro ardiente, abrirlo y propagar
el gozo de la lava.
No importa en qué caderas,
en qué pecho resbale,
no importa la estatura, el sexo o la materia
pues todos caminamos sobre la misma pira.
No medirás la llama con palabras que encubren
los viejos sentimientos de los hombres.

De "Conjuros" 2001

14 de junio. JOSÉ SARAMAGO

Escrito por Lenguareyescatolicos 19-09-2018 en poesía actual. Comentarios (0)

14 de junio

Cerremos esta puerta.

Lentas, despacio, que nuestras ropas caigan

Como de sí mismos se desnudarían dioses.

Y nosotros lo somos, aunque humanos.

Es nada lo que nos ha sido dado.

No hablemos pues, sólo suspiremos

Porque el tiempo nos mira.

Alguien habrá creado antes de ti el sol,

Y la luna, y el cometa, el espacio negro,

Las estrellas infinitas.

Ahora juntos, ¿qué haremos? Sea el mundo

Como barco en el mar, o pan en la mesa,

O el rumoroso lecho.

No se alejó el tiempo, no se fue. Asiste y quiere.

 

Su mirada aguda ya era una pregunta

A la primera palabra que decimos:

Todo.


Hastío. CARMEN JODRA DAVÓ

Escrito por Lenguareyescatolicos 18-06-2018 en poesía actual. Comentarios (0)

HASTÍO

El bello mundo me produce asco.
Si pudiera, lo haría
saltar en pedacitos por los aires,
y con él a mí misma.
Yo no pedí vivir; si Tú me hiciste,
es tu culpa, y no mía.
Atrévete a juzgarme si tu pobre
criatura se suicida.

Ofelia. ARTHUR RIMBAUD

Escrito por Lenguareyescatolicos 30-05-2018 en literatura universal. Comentarios (0)

         

             I
En las aguas profundas que acunan las estrellas, 
blanca y cándida, Ofelia flota como un gran lilio, 
flota tan lentamente, recostada en sus velos… 
cuando tocan a muerte en el bosque lejano.

Hace ya miles de años que la pálida Ofelia 
pasa, fantasma blanco por el gran río negro; 
más de mil años ya que su suave locura 
murmura su tonada en el aire nocturno.

El viento, cual corola, sus senos acaricia
y despliega, acunado, su velamen azul;
los sauces temblorosos lloran contra sus hombros 
y por su frente en sueños, la espadaña se pliega.

Los rizados nenúfares suspiran a su lado, 
mientra ella despierta, en el dormido aliso, 
un nido del que surge un mínimo temblor… 
y un canto, en oros, cae del cielo misterioso.

  II

¡Oh tristísima Ofelia, bella como la nieve, 
muerta cuando eras niña, llevada por el río!
Y es que los fríos vientos que caen de Noruega 
te habían susurrado la adusta libertad.

Y es que un arcano soplo, al blandir tu melena, 
en tu mente transpuesta metió voces extrañas; 
y es que tu corazón escuchaba el lamento 
de la Naturaleza -son de árboles y noches.

Y es que la voz del mar, como inmenso jadeo 
rompió tu corazón manso y tierno de niña;
y es que un día de abril, un bello infante pálido, 
un loco miserioso, a tus pies se sentó.

Cielo, Amor, Libertad: ¡qué sueño, oh pobre Loca! 
Te fundías en él como nieve en el fuego; 
tus visiones, enormes, ahogaban tu palabra. 
-Y el terrible Infinito espantó tu ojo azul.

  III

Y el poeta nos dice que en la noche estrellada 
vienes a recoger las flores que cortaste,
y que ha visto en el agua, recostada en sus velos, 
a la cándida Ofelia flotar, como un gran lis.


Chico Wrangler. ANA ROSETTI

Escrito por Lenguareyescatolicos 17-05-2018 en poesía actual. Comentarios (0)


Dulce corazón mío de súbito asaltado.

Todo por adorar más de lo permisible.

Todo porque un cigarro se asienta en una boca

y en sus jugosas sedas se humedece.

Porque una camiseta incitante señala,

de su pecho, el escudo durísimo,

y un vigoroso brazo de la mínima manga sobresale.

Todo porque unas piernas, unas perfectas piernas,

dentro del más ceñido pantalón, frente a mí se separan.

Se separan.


(De Indicios vehementes, 1985)